unidades para crear cada obra terminada. Al poner estas superficies juntas, capté el estado de ánimo que uno siente al entrar en los espacios de las iglesias coloniales y las cámaras funerarias de las culturas precolombinas. Desde mis primeros días hasta mis piezas más recientes, siempre he estado habitada por el color y todavía estoy en busca de su alma misteriosa. En los primeros años yhacia lamitad demi carrera, el color se une a la fibra. La fibra era el medio para el color y, por esa razón, el color estaba limitado por los procesos textiles de tejido y de teñido. Cuando comencé a experimentar con el pan de oro en la pequeña serie de Fragmentos completos, también empecé a pintar fibras con pintura acrílica y con yeso. Pronto se hizo evidente para mí que no solo había ganado la inmediatez y la intensidad del color sino que también podría utilizarlo para cambiar los rasgos físicos y tridimensionales de la fibra en sí. En esta forma podría hacer cada cuerda más gruesa, así como grupos de fibras o hilos con una variabilidad extrema en color y peso. La aplicación del color con la pintura me dio libertad adicional para las superficies finales de mi trabajo. Así podría corregir, cambiar en cualquier momento y recomponer con libertad. Las piezas ya no se limitaban a los procedimientos textiles y las ideas se enriquecieron con la simultaneidad de diferentes procesos. La pintura permitió también un sentido más rico de capas, dejando que el oro, el color y la textura brillaran de una manera que no podía obtener con fibras teñidas de color. Para mí, las características físicas del color no son su único recurso. El color es un lenguaje común a todas las culturas. Yo prefiero los colores utilizados en las artes y oficios antiguos que se basan en procesos alquímicos o transformadores. Insisto en el empleo de rojos usados en la cerámica primitiva, en los cuerpos y como pintura base para el oro colonial. Insisto en colores tierra, en los azules y verdes del paisaje. El color me ayuda a alejarme de la superficie para añadir diferentes significados al tapiz. entering the spaces of colonial churches and the burial chambers of pre-Columbiancultures. Frommy earliest days tomymost recent pieces, I have always been inhabitedby color, yet I amstill looking for its mysterious soul. During the early and middle years of my career, color was bound to fiber. Fiber was the mediumfor color and, for this reason; color was limited by the textile processes of weaving and dyeing. When I began experimenting with gold-leaf in the small series of Complete Fragments, I also began to paint fibers with acrylic paint and gesso. Soon it became apparent to me that not only did I gain immediacy and intensity with color, but I also could use it to change the physical, three-dimensional traits of fiber itself. I could make each string thicker; I couldmake clumps of fibers or threads with extreme variability in both color and weight. Applying color with paint gave me additional freedom with the final surfaces of my work. I could correct, change at any stage, recompose with freedom; pieces were no longer restricted by the textile procedures and ideas were enriched by the simultaneity of different processes. Paint also permitted a richer sense of layering, letting gold, color or texture shine through in amanner I couldnot obtainwithcolor-dyed fibers. For me, the physical traits of color are not its only appeal. Color is a language common to all cultures. I prefer colors used in ancient arts and crafts that rely on alchemical or transformative processes. I insist on using reds-used on primitive ceramics, bodies and as underpainting in colonial gold. I insist on earth colors, on the blues and greens of landscape. Color helps me distance myself from the surface to add different meanings to the tapestry. 1 1
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